La pasada semana Cartier ha presentado su nueva colección de joyas “Juste un Clou” (Sólo un clavo), mucho más pura y minimalista de a lo que nos tiene acostumbrados y este pasado fin de semana inauguró una exposición en Nueva York, “Cartier 70” en cuya inauguración se han dado cita las más exquisitas personalidades del mundo rosa, cine y sociedad del mundo, por lo que podemos decir que las joyas de Cartier, tanto las nuevas como las históricas, son eternas.

Desde su apertura en París en el siglo XIX, las joyas de Cartier han sido objeto de deseo de realeza y celebrities, además de un símbolo de lujo universal. Sus diseños son inconfundibles, traspasan fronteras –geográficas y temporales- y algunas de sus piezas pueden ser consideradas como históricas.

Entre sus creaciones, sortijas, pendientes, brazaletes, collares, colgantes, broches y, por supuesto, relojes. Además de las joyas de las temporadas, a la venta en sus establecimientos propios y asociados,la Colección  Cartier cuenta con más de 1.300 piezas que se exponen en museos de todo el mundo y que incluyen suntuosos conjuntos de joyería, una extraordinaria colección de diademas y los modelos clásicos o especialmente valiosos de relojes. El conjunto de la colección es un testimonio de la evolución técnica y de diseño.

Entre las piezas históricas de Cartier se encuentra el primer reloj de pulsera para hombre, el “Santos”, que se convertirá en la base de una gran colección intemporal. Este primer reloj fue creado por Louis Cartier para su amigo el aviador brasileño Alberto Santos Dumont en 1904 cuando este le habló de la incomodidad de consultar su reloj de bolsillo durante los vuelos.

También pueden considerarse históricos el collar de diamantes “Bestiary” realizado en los años 20 para el maharajá indio Yadavindra Singh, o el famoso anillo de compromiso que Rainiero de Mónaco le regaló a Grace Kelly en su fiesta de compromiso en enero de 1956 y que ella no se quitaría ni para los rodajes y que quedaría inmortalizado en una mítica escena de Alta Sociedad, de Charles Walters, en la acostada indolente, saca brillo al diamante del anillo con una esquina de la sábana.  Asimismo, Cartier realizó múltiples encargos parala Casa Real británica, entre otros, realizó el diseño de 27 tiaras para la coronación de Eduardo VII en 1902.