Cómo preparar tu cabello ante los efectos nocivos del verano

Durante los meses de verano, nuestro cabello tiene que enfrentarse a varios agentes externos que influyen en su calidad, agentes como el sol, el calo o el cloro de las piscinas. Con el paso de los días, debido a estos factores, el cabello tiende a deteriorarse consiguiendo que parezca más apagado, seco o encrespado. Todo esto puede afectar a nuestro cuero cabelludo promoviendo la caída del pelo durante esta época del año. Por este motivo, desde Hospital Capilar, recomienda prepararlo para hacer frente a estas agresiones.

En un país en el que existen 1,2 millones de piscinas, uno de los factores más perjudiciales para nuestro cabello durante este periodo son las altas concentraciones de cloro a las que nos exponemos. Aunque este elemento químico afecta a todo tipo de cabellos tras largas horas de baño, aquellos que se han sometido a algún tipo de decoloración o tinte son los más perjudicados. Estos productos pueden dañar la cutícula y hacer que el pelo se vuelva más poroso y, en consecuencia, causar un cambio de tonalidad en el cabello.

Algunas de las opciones más viables para proteger el cabello del cloro es lavárselo con agua dulce, a ser posible tras cada baño, o bien utilizar un gorro de piscina. A este respecto, la doctora Segovia recalca que “los gorros de silicona son la mejor alternativa, sobre todo en el caso de aquellas personas que tengan un mayor volumen capilar. Además, presentan una mayor vida útil y una menor posibilidad de rotura al ser más resistentes; son más suaves al tacto y, por tanto, dañan menos nuestro cabello”. No obstante, los gorros de látex también son una opción válida en el caso de aquellas personas con un menor volumen capilar, ya que suelen ajustarse mejor que los demás.

Por otro lado, el agua del mar es otro de los enemigos de nuestro pelo durante los meses de verano. Aunque su elevado pH y su alto contenido en sales minerales y oligoelementos puede producir algunos efectos beneficiosos sobre nuestro pelo como regular el exceso de sebo en cabellos grasos o aportar suavidad y volumen, la conjunción con elementos del entorno como la exposición solar o la arena produce efectos nocivos sobre el cuero cabelludo, dañando su estructura química y, por ende, la cutícula. En este caso, los cabellos secos son los mayores afectados, ya que la sal impide una correcta hidratación del tallo y hace que la fibra capilar se reseque.

La sudoración excesiva que experimentamos durante esta época es otro componente que fomenta que nuestro cuero cabelludo se reseque y pierda brillo, provocando que los folículos se vuelvan más frágiles y quebradizos, por lo que “una buena hidratación a través de mascarillas o acondicionadores es un punto clave para la protección capilar, así como utilizar algún tipo de gorra, sombrero o pañuelo, y evitar las horas centrales del día a la hora de tomar el sol”, destaca la especialista de Hospital Capilar.

Asimismo, se recomienda realizar un corte de pelo pre estival, ya que, además de fortalecerlo y estimular su crecimiento, eliminamos los daños previos e irreparables que ha sufrido previamente el cabello y lo preparamos para que se enfrente en mejores condiciones a estos efectos agresores. Además, es aconsejable prescindir de ciertos elementos que pueden perjudicar el cabello como las planchas y secadores. Por ello, se recomienda secar el pelo al aire libre y minimizar el uso de estos aparatos y, en caso de tener que utilizarlos, aplicar protectores térmicos e informarte sobre las mejores planchas de pelo y el mejor secador de pelo.

Por último, llevar a cabo una correcta alimentación durante esta temporada será fundamental para combatir los efectos negativos del verano en nuestro cabello. “Se recomienda una ingesta hídrica abundante e incorporar en nuestra dieta alimentos como los cítricos, que son antioxidantes; las semillas como el girasol, lino, sésamo o calabaza, que contienen biotina y vitamina A; verduras ricas en carotenos como zanahorias, calabazas, melocotones o mango; los rábanos por sus propiedades détox y alimentos ricos en histidina como los lácteos, pescados, huevos y legumbres”, recalca la doctora Segovia.

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