Calvin Klein nuevamente nos sorprende, ahora con un minimalismo artístico. Francisco Costa sustituye los ángulos agudos y los colores oscuros de su programación de otoño con suaves formas orgánicas que reflejen la luz de modo neutral.

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La colección de primavera se hizo más sensual de permitido, entrando al terreno de lo descaradamente sexy y juvenil. Para abrir el desfile, un vestido blanco con manga de burbuja se vio serpentear en medio de la pasarela, dejando tras de sí una aureola de misticismo y ondas. Los modelos experimentan con el volumen, las texturas y las formas, como el nido de abeja, los fruncidos con algodón, la lana, los plegados y las combinaciones de telas. Se contrasta lo natural frente a la tendencia techno. Los vestidos de mohair hacían sombra con sus colores negros, marrones y gris, revelando sutiles franjas de piel.

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Lo único que salió de la paleta terrosa fue un grupo de vestidos de seda arrugada con agregados de algodón y cortes asimétricos en tonos aguamarina pálidos, limones, corales y jades.

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Si hay algo que criticar de esta colección, es que la desnudez no estructurada de esta ropa requiere de un cuerpo de sílfide perfecto, aunque la ingravidez de estos vestidos tienen un atractivo innegable, una belleza propia de la colección de Costa.

Vía: style