made in Italy

Según nos cuentan estos días en diversos medios de comunicación, se ha comprobado que Prada, Gucci o Dolce&Gabbana entre otras grandes firmas de moda, fabrican sus productos en grandes barracones donde cientos de inmigrantes chinos comen, duermen y trabajan, estas personas están en situación regular o en la clandestinidad y se les pagan sueldos que rondan los 800€ al mes.

Un programa televisivo de investigación con cámara oculta de la Rai Tre, “Report”, ha puesto de manifiesto que la mano de obra necesaria para fabricar, por ejemplo, un bolso de Prada como el de la imagen, viene a costar entre 10 y 20 euros mientras que el precio de venta al público puede rondar los 500€ e incluso 1000€, resulta bastante patético, aunque hoy en día desafortunadamente ya nada nos sorprende.

Se han visto en televisión imágenes de los empleados de estas firmas, ocultos tras una falsa pared o amontonados en habitaciones llenas de basura, empleados que trabajan hasta 12 horas diarias para satisfacer los pedidos que se les encargan y es que parece ser que algunas de las grandes firmas de moda subcontratan la producción a empresas que, a su vez, vuelven a subcontratar el trabajo a talleres clandestinos.

Aunque durante el programa, varios portavoces de las marcas prestigiosas, explicaron que tenían inspectores para vigilar cómo se realizaban sus productos y que se rompía automáticamente la relación con los talleres que no cumplían la ley sin embargo, Report localizó varios de esos talleres. Es más según explicaban los encargados de los talleres muchos de los productos, se fabrican en realidad en China, en Italia únicamente se les añade el forro o algún adorno, puesto que según la ley basta con realizar parte del producto en Italia para poder colgarle la etiqueta de “Made in Italy“.

En otro apartado, el programa se refería también a la complicidad existente entre las marcas de moda más importante y las revistas más prestigiosas del sector, lo cual parece estar relacionado con la publicidad, que es la fuente de ingresos de las revistas y que hace que estas se vean obligadas a no poder criticar nunca los productos de sus anunciantes.