La ropa laboral es algo muy querido o muy odiado por quienes se la tienen que poner. A menudo, en el imaginario colectivo, se relaciona con algo monótono, demasiado encorsetado y atemporal, pero hay muchos diseños y alternativas que se pueden ver en esta web y hace pensar que los tiempos también van cambiando a un estilo más informal, cercano y amigable.

Como los uniformes de los colegios, tampoco la ropa laboral provoca una aceptación unánime, pero, dependiendo del trabajo, no hay alternativa posible cuando se trata de temas de higiene y salud, como el caso de los médicos, laboratorios farmacéuticos o empresas de agroalimentación. Aquí las normas son mucho más estrictas que en cualquier otro sector.

En cualquier caso, los aspectos positivos de tener uniforme de trabajo pueden ser bastantes empezando por el más importante: No hay que pensar qué ponerse cada mañana. En algunos centros de trabajo se dispone de vestuarios y se hace el cambio allí, pero no es lo mismo vestirse para 20 o 30 minutos que puede durar el trayecto hasta el centro que hacerlo pensando en 8 horas laborales.

Igualmente, los uniformes, en teoría, deben estar pensados y diseñados para poder desarrollar con facilidad el trabajo, por lo que suelen ser bastante cómodos. En este sentido, las incomodidades que puedan tener suelen estar justificadas por temas de higiene – como puede ser, por ejemplo, un gorro para tapar el pelo – o por temas de imagen intrínsecas con el propio puesto de trabajo – pensando en azafatas de vuelo y otros eventos.

No obstante existan trabajos más rígidos en este sentido, existen también muchos otros que permiten mayor flexibilidad y con los que se puede llegar a un entendimiento para hacer una ropa laboral personalizada, que vaya a la moda y que responda a la vez a la imagen de la compañía y permita también desarrollar la actividad para la que es concebida.

Un ejemplo podría ser tiendas, peluquerías, bares…Si se piensa bien, son muchos los sectores que cuentan con un uniforme de trabajo que, en muchos casos, consiste en una combinación de blanco y negro que “todo el mundo tiene en su casa”.

Pero, ¿cómo se puede personalizar un uniforme que, a priori, podría resultar monótono? Damos algunas pistas:

  • Incluir la imagen corporativa. No hay más personalización que la marca, con lo que muchas empresas optan por tener el logo impreso en sus camisetas o camisas, con mayor o menor discreción, dependiendo de a lo que se dedique. Esta imagen, además de incluirla en el uniforme, podemos incluirla en bolígrafos personalizados, mochilas, e infinidad de productos.
  • Elegir hechuras actuales. A pesar de ser un uniforme, se puede hacer una apuesta fuerte por la imagen y elegir formas que estén de actualidad. Es cierto que la moda es cíclica, pero un uniforme se ha de ir renovando también cada cierto tiempo. Si no, decidirse por lo clásico es una apuesta segura.
  • Cuenta con complementos. Los uniformes a menudo son sobrios, discretos. Busca algún tipo de complemento que se pueda integrar fácil y que no rompa la armonía: un abrigo, un paraguas, un pañuelo, un broche o una bolsa y le dará un toque fresco interesante y que redundará en una imagen positiva, tanto de quien lo porta como de con quien intereactúa.