Para reforzar y mantener las pestañas existentes, hay que ir identificando aquellos hábitos que en primer lugar, le hacen mal, a fin de erradicarlos y luego comenzar a cuidarlas.

Las pestañas, aunque aparentemente sean inútiles y nada más una especie de accesorio en la cara, tienen en realidad una función que cumplir: proteger los ojos de los elementos externos. Las pestañas actúan como antenas también, detectando cuando algo está cerca del ojo, estimulándolo a abrirlos y cerrarlos en un acto reflejo de protección.

Las pestañas pueden durar algunos meses antes de caer, y pueden tomarse unos dos meses para volver a crecer por completo. Si creyeron alguna vez que todos tenemos la misma cantidad de pestañas al nacer, no se equivoquen, porque lo cierto es que todos nacemos con un número determinado de folículos pilosos y esto no cambia a medida que envejecemos, aun cuando algunas pestañas caigan con el paso del tiempo.

En los niños, las pestañas son muy notorias debido a que sus ojos son relativamente pequeños, pero esto no es más que un efecto visual.

Entre los factores que podrían hacer caer las pestañas, tenemos que tener en cuenta aquellos que hacen caer el pelo de la cabeza, como el estrés, la mala alimentación y hasta ciertas enfermedades y tratamientos médicos, como la quimioterapia.

Dormir con máscara de pestañas es lo peor que pueden hacer, ya que pone rígidas las pestañas, y esto las hace más proclives a quebrarse. Si se llegara a dañar un folículo de pelo, el daño podría ser permanente. Una vez que el folículo se daña, no se puede restaurar el crecimiento de las pestañas, así que lo mejor es cuidarlas y prevenir su caída.

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