Tras más de dos meses de confinamiento, poco a poco vamos volviendo a la normalidad, aunque muy despacio por miedo a un nuevo rebrote de la enfermedad. Durante las próximas semanas, deberemos seguir utilizando los equipos de protección individual para protegernos frente al coronavirus. Guantes, batas, gorros, mascarillas o gel hidroalcóholico, son elementos que han pasado a formar parte de nuestra vida, pero ¿cómo afecta su uso a nuestra piel? Hay que recordar que son productos que están en continuo contacto con nuestra piel durante mucho tiempo, por lo que será necesario prestar especial atención a su cuidado.

Los guantes y el sencillo gesto de lavarse las manos

Lavarse las manos de forma regular, no se puede considerar como un EPI, pero sí una de las medidas más importantes para estar protegidos. Para evitar que aparezcan grietas en las manos, es recomendable lavarse con jabones sintéticos suaves, para a continuación, aplicar una crema hidratante que contenga silicona o vaselina.

Los guantes permiten disminuir el lavado de manos, favorecen que haya menor pérdida hídrica y las protegen. El experto recomienda llevar dos pares a aquellos que tienen que utilizarlos de manera constante. Esto permite cambiar solo el guante de la superficie y mantener el primero, dejando el lavado para el fin de las actividades o cada cierto tiempo.

Las mascarillas y pantallas protectoras

El uso de las mascarillas requiere que estén perfectamente ajustadas a la cara para evitar riesgos de contagios. Las varillas de metal que tienen, pueden lesionar la zona de la nariz, y las gomas las zonas de las orejas, provocando irritación y dolor.

Cuando sea posible, es conveniente retirarlas haciendo un descanso y aplicar alguna crema de protección, regenerativa o incluso vaselina en las zonas de apoyo. Para que las ligas sean menos lesivas, el doctor comenta que se pueden colocar unos clips abiertos o láminas de materiales plásticos, goma EVA o silicona para sujetar las gomas en una posición que les impida apoyarse en las orejas. Eso sí, Fustes advierte de que los aislantes para el dorso de la nariz deben ser muy delgados o restarán efectividad a la mascarilla. Cuando ya no vayamos a utilizarla más, importante aplicar una crema restauradora con silicona o vaselina en las áreas más afectadas.

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Con respecto a las efectivas pantallas protectoras, hay que considerar que deben sellar lo mejor posible en la zona de contacto con la cabeza. Dependiendo del material del que esté hecho el soporte será más o menos cómoda su puesta. Si este material es demasiado delgado o poco esponjoso puede lesionar la piel. En este caso, reforzarlo con goma EVA para evitar que la piel se quede marcada e incluso aparezcan laceraciones es clave para el doctor.

Buzos, mandiles o batas plásticas, patucos y gorros

La desventaja de estos materiales es que impiden la correcta transpiración. Además, con el verano acercándose, aumenta la posibilidad de deshidratación por el incremento en la sudoración. Por tal motivo, resulta importante beber agua en suficiente cantidad e incluso más de lo habitual y retirar el material plástico cada vez que sea posible para que la piel transpire, según Antonio Fustes.

Una vez que regresamos a casa, deberemos ducharnos y lavarnos a conciencia, un gesto que supone una agresión a la piel pues eliminamos el manto lipídico que la protege de la sequedad. Debido a este motivo no debemos olvidar el uso de crema hidratante enriquecida con urea, aceites o mantecas después del baño, las favoritas del doctor, y aplicar una crema reparadora específica, como las de pañal para bebés, en las zonas que se han irritado por el uso de EPI.

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