Para la colección primavera verano 2012, la marca Chevignon se imagina a un reportero gráfico que está invitado a asistir a un viaje entre Marsella y Capri, donde observará diferentes lugares, rutas, hoteles internacionales, barcos…

Un reportero que está fascinado por la vida fácil, un chico de buena familia, anclado en el verano de principios de los años 60, bronceado por el sol, con ambición, con sueños, con encanto.

Chevignon quiere contagiarnos de un espíritu libre y arriesgado, marcado por combinaciones estéticas muy marcadas, con la fusión de la piel más metal, con punto de malla y cuero. Una mezcla refinada y trasgresora de pieles blandas con jerseys de punto muy fino y delicado.

Una primavera y un verano que trascurren entre un mar de yates donde se dan la mano estéticas ambientadas en largos paseos en velero.

Una de las referencias más marcadas y claves de esta nueva colección son las que se acercan al mar.

Patrones sencillos en tejido tradicional francés, con un look que pretende ofrecer cierto desaliño bienintencionado con pañuelos de algodón anudados, referencias a la ropa de trabajo y donde el sol se pone sobre denim blanco.

El hombre que viste de Chevignon sueña con una nueva vida, con romper los cánones, con hacer una travesura, incluso, algo malvado, para luego perderse por el mundo realizando sus mundanas andanzas.

Cortes clásicos y acabados que resultan impecables y definen una colección donde los trajes, americanas y pantalones en tejidos ligeros y colores suaves, desde en azul cielo al kaki, redefinen y se apropia de las reuniones de los nuevos códigos para crear su propia cultura.

Chevignon hace una reflexión masculina sobre el instinto: la caza, la inteligencia, la sensibilidad y la naturaleza urbana.