¿Sabías que la rinoplastia es una de las cirugías más demandadas tanto por hombres como por mujeres? Se estima que cada año se realizan en nuestro país entre 18.000 y 20.000 intervenciones de este tipo. Uno de los principales motivos de su alta demanda, puede radicar en que se trata de una intervención que puede producir un importante cambio en tu aspecto, al trabajar sobre una de las zonas más visibles del cuerpo. Aunque hay muchas personas que se sienten orgullosas de su nariz, también hay muchas que se sienten acomplejadas por la forma de esta, por lo que deciden someterse a este tipo de intervención para cambiar su aspecto. Pero además del cambio de apariencia, también hay otros muchos casos donde la intervención se realiza para mejorar el nivel de vida de la persona, por ejemplo en aquellos casos donde existen dificultades respiratorias. Independientemente del motivo que te lleve a someterte a esta intervención, lo más importante es que te pongas en buenas manos. Basta con hacer una búsqueda en Internet por rinoplastia alicante o rinoplastia Madrid para encontrar multitud de clínicas donde dar solución a esos problemas que tengas con tu nariz.

¿Qué es la rinoplastia?

Cuando hablamos de rinoplastia, nos estamos refiriendo a una intervención quirúrgica que busca acabar con determinados problemas estéticos relacionados con la nariz de la persona. Aquí tiene cabida problemas con la giba ósea, el hueso que sobresale de la nariz, desviaciones del tabique nasal o poner solución a determinadas malformaciones congénitas. El objetivo final de la rinoplastia, es devolver la armonía visual al rostro del paciente, consiguiendo que la nariz se adapte a su cara de forma natural sin que parezca que haya sido operada.

Dependiendo del caso a tratar, esta intervención suele ser muy rápida, un tiempo que puede oscilar entre una o dos horas. De todas formas, será el especialista encargado de la intervención, quien informará al paciente de todo el proceso, incluido el tiempo estimado de la operación.

Tipos de rinoplastia que nos podemos encontrar

Dentro de las rinoplastias también hay diferentes tipos si atendemos al modo de proceder quirúrgico que se puede dar.

Rinoplastia cerrada

La rinoplastia cerrada a día de hoy se muestra como la intervención más demandada y que más se lleva a cabo, dados los buenos resultados que ofrece sin necesidad de abrir la nariz en ningún momento. Al no tener que abrir la nariz, la operación no dejará cicatrices visibles. Para llevar a cabo esta intervención, se accede por medio de los cartílagos, aunque también se puede hacerse por medio del tabique o las fosas nasales.

Gracias a esta técnica, se consigue acabar la intervención sin la necesidad de realizar incisiones exteriores. El cirujano logra tener acceso a gran parte de las zonas problemáticas, a la vez que puede ir moldeando la zona sin mayor problema hasta que la nariz adquiera la forma deseada. Todo esto hace que sea la opción más cómoda para el paciente al no dejarle ningún tipo de marcas.

Rinoplastia abierta

A diferencia de la rinoplastia cerrada, esta técnica dejará una mínima cicatriz a la vista de todos, a la vez que el edema postoperatorio que se produce es mayor. Como ventaja, al hacerla el cirujano podrá ver, por completo, el esqueleto nasal. Se suele utilizar cuando ya se ha intervenido con anterioridad al paciente o, por la propia naturaleza de la intervención, se debe hacer una exposición amplia del esqueleto nasal para poder intervenir de un modo más adecuado.

Además de los dos casos anteriores, nos podemos encontrar la situación en la que sea necesario intervenir nuevamente en pacientes que ya han tenido una cirugía en su nariz. A estas intervenciones se les suelen denominar rinoplastia revisional y puede ser debido a complicaciones surgidas durante el postoperatorio o porque se deba poner solución a ciertos problemas derivados.

Proceso postoperatorio

Como suele ser habitual en cualquier tipo de operación estética, el proceso postoperatorio suele preocupar mucho a los pacientes. Aquí hay que destacar que este proceso es muy llevadero gracias al uso de técnicas avanzadas que hacen que todo el proceso sea mucho más sencillo.

La recuperación de la cavitación será realmente liviana, ya que los efectos no van más allá de una hinchazón en el rostro, como es evidente. Llevarás un taponamiento nasal que podrás retirar a los tres días y una cédula que tendrás que llevar durante una semana, aproximadamente.

En el caso del dolor, bastará con tomar algún analgésico y antiinflamatorio que recete el especialista. Eso sí, durante cierto tiempo será obligatorio evitar situaciones de esfuerzo físico que puedan ser peligrosas para la salud de la nariz.

Aunque se trata de una intervención que no tiene mucho riesgo, lo más importante es que te pongas en buenas manos en el caso de que estés pensando en este tipo de operación. Busca una clínica de cirugía plástica de total garantías que te informe desde el primer momento de todo el proceso. De esta forma sabrás a que atenerte.

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