Como no podía ser de otra manera, los franceses tuvieron la culpa (y no así las francesas…). Con su complejo de baja estatura, el Rey Sol, Luis XIV, instauró en su vestuario los tacones altos. Tacones que fueron cada vez más altos, porque al seguir sus cortesanos la tendencia (a modo de homenaje), el monarca no pudo más que pedir a sus zapateros más centímetros bajo sus talones.

Muerto el rey, los hombres se bajaron del tacón, pero las mujeres no. Claro que resulta más glamorosa esa historia (verdadera ciento por ciento), que andar explicando que el taco alto tuvo su origen también en la Francia de los luises, pero para comodidad de quienes practicaban equitación.

Y de aquellos tiempos a estos días, la aspiración de diseñadores, modelos y féminas en la calle parece ir en ascenso. Este año los tacones no bajan de los ocho centímetros y añaden una alta cuota de creatividad, arte e ingenio a ras del suelo.

Miu Miu, Prada, Versace, Givenchy y otras tantas marcas de primera línea apuestan a verdaderas esculturas en forma de zapato. Con tachas, con hebillas y tiras de colores, en charol, metalizados y con formas galácticas. El secreto para poner los pies y los ojos sobre la tierra… o al menos, diez centímetros sobre ella.