Tiene 24 años y, desde hace pocos días, unos 200 mil dólares más en sus bolsillos.

Alexander Wang, niño mimado de las pasarelas internacionales, acaba de recibir el premio que otorgan la CFDA (Consejo de Diseñadores de América) y la Revista Vogue a las promesas con mayor proyección y talento.

Es comprensible que la herencia asiática resulte marketinera, aunque Alexander nació en San Francisco, con la mayoría de edad se mudó a New York y hasta ha trabajado bajo las órdenes de Anna Wintour… sus influencias e inspiraciones sobrepasan por demás las fronteras chinas (y eso es mucho decir).

Sus colecciones y estilo se fundan en su amor por los contrastes: la yuxtaposición de notas de la calle y lujo, los detalles sexies versus lo andrógino y ese toque de vagabundo (homless chic, si es que algo así pudiera existir), que es imposible no me remita al Mugatu de la sátira a la moda que hiciera a principios de siglo Ben Stiller.

De todas formas, si recorremos las fotos de su última pasarela, las medias rotas, las cabezas despeinadas y los jeans gastados y los colores apagados conforman un look urbano que bien vale los galardones.

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