Stefano Pilati regresó a África del Norte para su nueva colección, para ir tras el entorno que creó el escritor norteamericano Paul Bowles, cuya vida en Tánger se convirtió en punto de referencia para los forasteros de todas partes del mundo. Pilati es un tipo diferente, con una larga historia de amor con Marruecos, que viene heredada por Saint Laurent, fundador de la casa.

La gama de colores sobrios, abrigos y chaquetas muy bien acompañadas por un cinturón, la cintura alta, los pantalones con pliegues, y los marcos de baquelita de las gafas de sol, dejan al hombre que viste esta moda, con un estilo muy propio de la bohemia de los años cuarenta, década en que Bowles se autoimpuso su propio exilio.

Pilati ha hecho mutar todas las referencias del norte de África. Las aberturas laterales de las chaquetas eran una especie de rendija que se abría con facilidad, el calzado eran sandalias y hasta se vieron camisas con manchas de leopardo y una túnica de seda negra.

La sensación que deja Pilati tras de sí, es que ha aportado tan sólo 25 miradas, de las que aquella túnica adaptada de leopardo fue la más exitosa. Este viaje de regreso desde el mundo de Bowles, parecía un viaje de regreso desde los triunfos anteriores para ver un estado de ánimo reflexivo, y hasta un poco triste, tal vez…Yo coincido con esa percepción pero agregaría algo más, y es que esta colección es mucho más elegante que cualquier otra que haya visto antes…

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