Sobre una pasarela dorada, Roberto Verino ha mostrado su nueva colección para el otoño-invierno 2011-2012, con una marcada influencia oriental que se hacía notar en el peinado de las modelos, con flequillos rectos y coletas larguísimas y en los arreglos de la música que ha acompañado el desfile.

Con un inicio un poco futurista, en el que predominaban los grises y los platas, el desfile ha evolucionado hacia el exotismo de Oriente en el corte de algunas prendas y en muchos detalles (zapatos tipo geisha, cuello mao, flecos de mantón, mangas tipo kimono). Después del gris, Verino ha pasado al negro, al rojo más vivo y a un espectacular color semejante al del ciclamen, que algunos decían que eran fucsia y otros morado, que me ha recordado a alguno de los mejores momentos de Verino, con tejidos llenos de brillo como el lamé, el satén y las lentejuelas, sin olvidar el tweed, muy presente en el centro del desfile, en trajes de chaqueta y abrigos adornados con cuellos de piel.

Un espectáculo de detalles, muy distinto de lo visto en el anterior desfile de Jesús del Pozo, que algunos considerarán algo barroco, pero que a mí me ha parecido impresionante. No sabría decir qué prenda no me ha gustado.

Lo mejor: el color ciclamen, los trajes y abrigos de tweed y los bolsos que han sacado algunas modelos.

Fuente: Image.net

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